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La nota en la botella




      La ruptura de la botella la noche anterior, dejaba su plan a merced de la marea.
Decidió entonces, hacer de la nota un barco de papel.
Con la esperanza parada a su lado, deseaba que el vaivén del océano se llevase su nota y le diese a cambio el camino de regreso a la civilización.
Sobre la piedra que eligió como muelle, lo vio perderse de vista entre las aguas, que se mecían con las olas coronadas por burbujas de espuma salada.
En soledad, marcaba en las paredes de la cueva, los días que pasaban desde que vio su nota navegar hasta confundirse con los matices del acuático horizonte.
Marcelo abrió el sobre que trajo del local del artesano y extrajo la botella de vidrio soplado en donde hábilmente, don Artemio le colocó el curioso barquillo de papel, que encontró entre las redes de sardina al recogerlas de las jaspeadas hebras del mar.
En la plegada cubierta de la nave de papel, se mostraba una mancha negruzca, que había hallado tope en el borde de la proa.
Según el marinero, aquella mancha era el resultado de la decoloración de una nota, «de amor supuso».
De aquella nota,  solo sobrevivían unas cuantas letras separadas unas de otras, insuficientes para hacer una conjetura más acertada.
Irónicamente, lo que quedaba de la nota, se hallaba ahora en una botella.



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